Traductor

Páginas vistas en total

jueves, 7 de septiembre de 2017

Dejando viejas historias

      Las personas cambian y, a medida que caminan, sus mochilas se llenan de experiencias nuevas y aprenden a desprenderse de aquello que ya no formará parte de ellas. Esto también ocurre a la hora de escribir. Los grandes viajes que hacía con mis libros cuando estaba empezando, esas historias que buscaba porque necesitaba vivir ya no son las mismas que escribo ahora.
      A veces la idea de cambio me aterra, siento que estuviera perdiendo una parte de mí que aún no debe marcharse. Siento que me traiciono a mi misma dejando en desuso viejas expresiones, temas que fueron el motivo por el que empecé a escribir...No estoy preparada.
    No podía tener el control de mis escritos cuando tenía doce años, y después de todo este tiempo sigo sin ser capaz de tenerlo. Quizá, el día que logre sacar adelante una historia tal como la había planeado, la escritura deje de tener sentido para mí y la abandone. Es por eso mismo que me da miedo mirar a mi yo del pasado, sentada en un sillón diez minutos antes de ir a clase y decirle que aquellas historias que le hicieron empezar a escribir no son las mismas que escribo ahora. Seguramente se sentiría traicionada o ni siquiera se lo creería.
      Pero no es algo que pueda controlar, al igual que tampoco sé si mañana me encontraré con tal o cuál persona. Las historias me buscan a mí, y hasta que no las escribo no me dejan descansar. Supongo que la vida real enriquece la del escritor, que los gustos evolucionan, el lenguaje se vuelve más certero y que los sueños, aunque aún permanezcan los castillos en el cielo de cuando era niña, se cumplen o surgen otros nuevos.
      Mi escritura se nutre de aquellos sueños (o pesadillas) que necesito contar para conservar mi cordura. Escribo por necesidad, porque no me imagino la vida sin un cuaderno y un boli en un bolso, necesito encontrar personajes en los lugares más inesperados, sentir que no estoy loca por querer salvar un reino que me he inventado, por imaginar que existen los ángeles (y los demonios), los elfos, los castillos, las misiones imposibles, los príncipes malditos, los villanos que puedan llegar a ser buenos... Eso no ha cambiado, y me reconforta verlo. Creo que lo único diferente es la forma en la que me asomo a la ventana de la vida y la observo.
      ¿Y que ocurrirá si cambio de manera radical de temas, de sueños, de personajes? ¿Debería considerarlo como una traición a esa niña soñadora o como su crecimiento personal?


Espero, pequeños unicornios, que hayáis disfrutado de la entrada. Ya sabéis que estaré encantada de leer vuestros comentarios y prometo no dejaros tanto tiempo sin mis delirios. ¡Nos vemos en la próxima entrada!



viernes, 1 de septiembre de 2017

Sin finales felices

Pienso en esos finales felices que me sacaban una sonrisa cuando terminaba un libro, esos cierres que me daban esperanza y refugio cuando necesitaba decir basta a la vida. No sé qué ocurrió con ellos. Hace mucho tiempo que no termino un libro y digo «está bien, este era el final que la historia se merecía». Lo echo de menos.
Entonces me pongo en la posición del escritor y no en la de lectora exigente y comprendo que acabar un libro no es, ni de lejos, la parte más fácil del proceso de escritura. Muchas veces no sabes ni dónde está el punto final ni si lo que tú quieres como escritor es lo mismo que quieren tus lectores.
Es difícil, lo sé, porque hay que tomar muchas decisiones, atar todos los cabos y convencer al lector de que las horas invertidas en la lectura del libro han merecido la pena. Demasiada tensión por agradar al lector quizá sea la razón por la que se puede acabar cayendo en tópicos o en lo que la sociedad considera a bien en un momento dado. El escritor debería estar exento de estas presiones y yo, como lectora, reconozco que contribuyo más a lo contrario.
También es difícil que en el mundo actual, teñido de gris por el pesimismo y la falta de esperanza, imperen los finales felices. No digo que todo tenga arreglo sin dolor como una comedia latina, sino que alguno de los libros que leo tuviera un final alentador, quizá que en alguna ocasión los protagonistas que llevan enamorados quinientas páginas  más una segunda (o tercera) parte deberían acabar juntos.
¿Qué está pasando con esos finales felices? Antes funcionaban, ¿por qué ahora soy incapaz de encontrar un libro cuyo final no empañe mi visión general de la obra?

Frase del mes

Frase del mes

Mi pequeña biblioteca

  • Alas de fuego. Laura Gallego
  • Alas negras. Laura Gallego
  • Crónicas de la Torre, el valle de los lobos. Laura Gallego
  • Crónicas de la Torre, la llamada de los muertos. Laura Gallego
  • Crónicas de la Torre, la maldición del Maestro. Laura Gallego
  • Crónicas de la torre, Fenris, el elfo. Laura Gallego
  • Cuatro muertes para Lidia. Enrique Páez
  • Donde los árboles cantan. Laura Gallego
  • Días de lobos. Miguel Luis Sancho
  • El Principito. Antoine de Saint-Exupéry
  • El diario de Ana Frank
  • El libro de los portales. Laura Gallego
  • El príncipe destronado. Miguel Delibes
  • Erik, hijo de Árkhelan, el ejército en la sombra. Miguel Ángel Jordán
  • Erik, hijo de Árkhelan, justicia y honor. Miguel Ángel Jordán.
  • Erik, hijo de Árkhelan.El amanecer del guerrero. Miguel Ángel Jordán
  • Hoyos. Louis Sachar
  • La crónicas de Narnia, el león, la bruja y el armario. C.S.Lewis
  • La mil y una noches
  • La tejedora de la muerte. Concha López Narváez
  • La vida es sueño. Calderón de la Barca
  • Las crónicas de Narnia, el caballo y el muchacho. C.S.Lewis
  • Las crónicas de Narnia, el sobrino del mago. C.S.Lewis
  • Niyura, la corona de los elfos. Jenny-Mai Nuyen
  • Uhlma, el ciclo de la fuerza. Miguel Ángel Jordán
  • Uhlma, el mundo de los sueños. Miguel Ángel Jordán
  • Una habitación en Babel. Eliacer Cansino

Premios

Contacto

Purple Bow Tie