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viernes, 12 de diciembre de 2014

LA COSTILLA DE EVA (parte 3)

           Me incorporo precipitadamente con los ojos muy abiertos. Vuelvo a dejarme caer sobre el cojín al notar un fuerte dolor de nuca e, instantáneamente, me paso la mano tras el pelo y noto una venda calada de sangre que necesita un cambio. Estoy segura que, al igual que mis dedos, el cojín también habrá quedado impregnado por aquel color carmín. Por suerte, no creo haberme roto nada a pesar de que me he golpeado con más de treinta escalones.
           —A los dieciséis años las jóvenes que tienen algún miembro de su familia en el Consejo, pasan por un periodo de adiestramiento de dos años que comienza con el sacrificio del yasak y finaliza con su nombramiento como consejera—me explica Iara.
              —Pues me parece que a mi abuela se le olvidó mencionar ese detalle—digo, sin importarme las formas. Ya hace tiempo que dejó de importarme.
            —¿Es cierto, Esther?
            Entonces recuerdo lo que tendré que hacer dentro de unas horas, cuando me haya repuesto del golpe y, después de mirar a ese chico a los ojos, estoy convencida de que no quiero hacerlo.
            —Pues claro que no—responde ella, tan digna como acostumbra, cogiéndome de la muñeca.
            Esa es mi oportunidad. Tal vez tenga que ir a una ridícula escuela para convertirme en algo que he detestado con toda mi fuerza desde que era niña, pero me niego a convertirme en una asesina. En ese momento, emito un gran grito con el que pretendo empezar mi función. Si creen que no estoy en condiciones ni para sostener el arma no podré hacerlo, por lo que pretendo fingir una lesión en la muñeca. Sé que mi mentira no durará mucho porque llamarán a la curandera y descubrirán la farsa, a no ser que lo esté en verdad.
            —¿Qué ocurre?—pregunta Ingrid, la consejera más veterana, entrando junto a Cassandra, la más joven.
            —Suelta la muñeca—le grito con aspereza a mi abuela y un cierto tono de amenaza.
            Ella tarda unos segundos en obedecer. Está sorprendida por la actitud que estoy mostrando aunque ya se puede ir acostumbrando porque no voy a cambiarla.
            —¿Qué ocurre?—insiste Ingrid, acariciándome el pelo.
            —No me toques—le digo.
            Después salgo corriendo hacia la izquierda y aparezco en la tribuna. Allí hay otras siete miembros del Consejo contemplando a la chica que acaba de rebanar el cuello a un chico de su misma edad. «Hunc ego fidem», grita, agitando la cabeza de su víctima con orgullo. Al ver la sangre, no puedo evitar vomitar. Las funcionarias me miran extrañadas. Antes de correr, escucho mi nombre, aunque no hará que me detenga. Entro en la habitación de la que intenté salir y, esta vez, sí lo consigo.
            —¡Ettie!—me llama mi abuela.        
           Tampoco me detengo en ese momento. Me encuentro en un pasillo alargado, con muchas estancias y, pese a que no sé lo que hay en algunas, eso no me importa. Recuerdo haber estado allí cientos de veces tiempo atrás con mi abuela. Corro hasta llegar a un cuarto pequeño y cierro la puerta. Agarro mi muñeca dispuesta a romperla y respiro. A pesar de la decisión que he mostrado antes, no estoy segura de querer soportar aquel dolor. «No seas cobarde, Ettie», me digo, «Lo haces para no convertirte en una asesina», «El sufrimiento que supone una muñeca rota no puede igualarse a la agonía de sentir todas las venas de tu cuello romperse», insisto, «Lo tuyo sanará, lo de ellos no». Sin pensar más, respiro hondo y tiro con fuerza. El hueso suena y yo grito mientras me hago un pequeño ovillo en el suelo, a la espera de que alguien escuche mi llamada. Lloro sin parar, produciendo gritos desgarrados cada poco tiempo. ¿¡Cómo se me ha ocurrido!?


CONTINUARÁ...

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  • Alas negras. Laura Gallego
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  • Crónicas de la Torre, la llamada de los muertos. Laura Gallego
  • Crónicas de la Torre, la maldición del Maestro. Laura Gallego
  • Crónicas de la torre, Fenris, el elfo. Laura Gallego
  • Cuatro muertes para Lidia. Enrique Páez
  • Donde los árboles cantan. Laura Gallego
  • Días de lobos. Miguel Luis Sancho
  • El Principito. Antoine de Saint-Exupéry
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  • El libro de los portales. Laura Gallego
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