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domingo, 20 de diciembre de 2015

El sentido de la Navidad

      Polvorones, luces iluminando las calles, colas interminables para comprar el banquete de Navidad, a precios desorbitados... a veces me gustaría saber qué pasa por la cabeza de aquellas personas que no ven más que negocio en una fiesta que debería representar mucho más. No critico su celebración, únicamente opino que primero podrían pararse a pensar un momento lo que están celebrando y si verdaderamente tiene algún sentido para ellas. Pero es más fácil cantar villancicos para recibir el aguinaldo que pararse a reflexionar, lo sé, los seres humanos somos así de irreflexivos.
      Por ello, mis queridos lectores, quiero plantearos una pregunta que quizá ya vaya siendo hora de que el mundo también se la haga: ¿Por qué? ¿Por qué nos reunimos en familia a ganar unos kilos de más y echar unas risas? ¿Por qué todo, de repente, se llena de ese polvillo navideño que, tan concentrado, contamina el aire? ¿Qué es eso del espíritu navideño? ¿Por qué del 20 de diciembre al 7 de enero el mundo se vuelve un hipócrita creyéndose un santo?
      Es decir, no pretendo reprochar a nadie, o tal vez sí, solo quiero que las cosas cambien, que la hipocresía se convierta en un sentimiento positivo, y me da la impresión de que mi voz no será escuchada pero pienso intentarlo.
      Durante 365 días al año se escuchan millones de voces a lo largo y ancho de la Tierra, nuestra historia se está escribiendo con sangre, a diario somos conscientes de todas las injusticias y volvemos la vista. ¿Por qué en tan solo 20 días parecemos preocuparnos por ello? Es absurdo, como si pudiéramos dar la vuelta a todo en tan solo ese tiempo, como si los niños quisieran poder ser niños durante ese tiempo y el resto del año no, como si las personas deseásemos la soledad más de 300 días al año, como si los menos favorecidos de la sociedad tuvieran derecho a ser tratados como iguales únicamente cuando los enormes árboles de Navidad iluminan los parques en los que duermen. ¡Es absurdo!
      Si este es el significado de la Navidad para el 80% de la gente, ojalá dejara de celebrarse, ojalá todas las luces se apagaran para siempre y los villancicos quedasen en el olvido. Al menos así no tendríamos que fingir. Un mundo cruel que no se miraría a sí mismo a través de los visillos de una casa abandonada. Si ya se perdió la esencia, si está muerta la razón para celebrar, lo más lógico sería dejar de hacerlo. Pero nadie está dispuesto a hacerlo. Entonces, si nos negamos a renunciar a los excesos y los regalos acumulados, a los kilos de más y a las decoraciones, ¿por qué dejamos de luchar por mantener vivo su espíritu? ¿Por qué lo dejamos agonizar hasta casi la muerte?
      Me da igual la creencia de cada uno, y mi crítica se dirige a todos y a ninguno, en mitad del silencio, del olvido, el mismo lugar en el que quedará. Lo único que pido es una Navidad constante en la que no es necesario el dinero, los polvorones, las zambombas y los regalos, solo la solidaridad, real y no forzada, el ayudar a quienes sufren, hoy, y mañana, y hasta nuestro último aliento. Eso el la Navidad, acabar con las guerras, devolver a los niños de todo el orbe la infancia que a muchos les fue robada, entender que el mundo nos pertenece a todos, que las guerras carecen de sentido si pensamos que venimos del mismo lugar y regresaremos a él, que no importan nuestras creencias, nuestros bienes, nuestro sexo, nuestra inclinación amorosa...la Navidad es comprender que todos somos humanos y que nos necesitamos los unos a los otros para seguir adelante. El verdadero sentido de la Navidad se encuentra ahí, dentro de nosotros, pero no por unas semanas, sino por toda la vida y, por muchos villancicos que cantemos y muchos árboles que montemos, si no comprendemos esto, la fiesta se vuelve, cuanto menos, hipócrita.
      Por último, lo único que puedo deciros es que disfrutéis de ella, que no pasa nada por hacerlo, pero recordar a los que sufren, a los que recurren a vosotros buscando ayuda, y haced que ellos también sientan que es Navidad.

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  • Crónicas de la Torre, la maldición del Maestro. Laura Gallego
  • Crónicas de la torre, Fenris, el elfo. Laura Gallego
  • Cuatro muertes para Lidia. Enrique Páez
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